Twenty-third Sunday in Ordinary Time
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Las Lecturas de Hoy
Ez 33:7-9; Sal 95:1-2, 6-7, 8-9; Rom 13:8-10; Mt 18:15-20
Leer las lecturas de hoy en USCCBReflexión
Jesús no te dice que te quejes de la persona con alguien más, ni que en silencio la dejes de lado y dejes que la relación se enfríe. Si tu hermano te hace mal, dice, ve directamente a él - solo ustedes dos - y dile lo que pasó.
La mayoría de las casas conocen la versión más fácil de esto - el enfriamiento lento en vez de la conversación. Se dice un comentario y nadie lo enfrenta, así que se queda ahí, coloreando cada interacción después sin que nunca se nombre. Semanas después ya nadie recuerda exactamente qué lo empezó, solo que algo lo hizo.
Dios le da a Ezequiel un trabajo más difícil que quedarse callado: sé el centinela. Si ves algo y no dices nada, le dice, la responsabilidad también se vuelve tuya. No es una palabra cómoda para una casa que prefiere guardar la paz evitando la conversación. Pero dejar algo sin resolver rara vez produce paz. Casi siempre solo compra tiempo, y lo que se calla se vuelve más difícil de nombrar entre más tiempo pasa.
La respuesta de Pablo es lo que hace sobrevivible la conversación difícil: no deban nada a nadie, excepto amarse los unos a los otros. Jesús no está pidiendo un ganador de discusión aquí - está describiendo lo que el amor exige cuando algo ha salido mal entre personas que se quedan, que necesitan que la verdad se diga con claridad para poder seguir juntas.
Oración Universal
- Por nuestra familia, para que vayamos directamente unos a otros en lugar de dejar las cosas sin decir, roguemos al Señor.
- Por el valor de advertir a alguien que amamos cuando lo vemos dirigirse hacia algo dañino, roguemos al Señor.
- Por toda deuda en nuestra casa excepto la que Pablo dice que nunca debemos dejar de pagar - la deuda del amor, roguemos al Señor.
- Por la gracia de reconciliarnos pronto cuando de verdad se tiene una conversación difícil, roguemos al Señor.
La Fe en Acción
Si hay algo pequeño sin resolver entre tú y alguien de tu casa ahora mismo, dilo hoy en voz alta - en privado, con claridad, sin público. No un mensaje de texto. Una conversación.
Una Palabra para los Padres
El Evangelio de hoy da las instrucciones reales de Jesús para cuando alguien de la familia ha hecho algo mal: ve primero directamente a esa persona, en privado. No a un hermano. No alrededor de ella. A ella.
Esta noche, enséñales a tus hijos este patrón con algo pequeño y de poco riesgo - no como un sermón, como una práctica. Si uno tiene una queja con otro, guíalo a ir directamente a esa persona y decirlo con claridad: "cuando hiciste esto, me dolió". Modélalo tú mismo si tienes algo pequeño que resolver con tu cónyuge o con uno de los hijos. La habilidad de ir directamente a una persona, en vez de rodearla, es una de las cosas más útiles que una familia puede practicar junta.
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