Hogar y Altar

Twenty-fourth Sunday in Ordinary Time

Devoción del Mes: Los Siete Dolores de María
Los Misterios Gloriosos

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Las Lecturas de Hoy

Sir 27:30-28:7; Sal 103:1-2, 3-4, 9-10, 11-12; Rom 14:7-9; Mt 18:21-35

Leer las lecturas de hoy en USCCB

Reflexión

Pedro cree que está siendo generoso hoy. Llega a Jesús con un número ya escogido - ¿hasta siete veces? - y casi con seguridad espera que le digan que siete es más que suficiente. Jesús le da un número que detiene la cuenta por completo. No siete veces, sino setenta y siete. Cuando uno cuenta hasta ahí, ya dejó de llevar cuentas.

Después viene la parábola. El primer siervo le debe a su señor diez mil talentos. Un talento equivalía a unos quince años de salario de un jornalero, así que es una deuda que nadie podría pagar en cien vidas. El hombre pide paciencia y promete pagarlo todo, una promesa que no puede cumplir. El señor le perdona la deuda entera de todos modos. Y ese mismo siervo sale por la puerta, encuentra a un hombre que le debe unos cien días de salario, y lo toma del cuello.

Pero la segunda deuda es real. Cien denarios era dinero de verdad, y el hombre de verdad los debía. Jesús nunca dice que la deuda fuera imaginaria ni que perdonarla no costara nada. Pone otra pregunta en boca del señor: ¿no debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la tuve de ti?

Toda casa lleva cuentas pequeñas. Quién pidió perdón la última vez y quién no. Quién siempre deja los trastes. Lo que alguien dijo hace cuatro años en una reunión familiar y nadie ha terminado de soltar. Ninguna de esas cuentas es inventada. Todas son reales, como eran reales los cien denarios. El Eclesiástico lo vio hace siglos y lo dijo sin rodeos: ¿puede alguien guardar rencor a otro y pedirle al Señor la salud? Y el salmo responde con la medida que Dios usa de verdad - cuanto dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Tu familia ya recibió ese espacio. Dénselo ustedes entre sí.

Oración Universal

  • Por nuestra familia, para que soltemos las cuentas pequeñas que guardamos unos contra otros, roguemos al Señor.
  • Por la gracia de recordar cuánto se nos ha perdonado antes de contar lo que se nos debe, roguemos al Señor.
  • Por toda casa donde una herida vieja se ha endurecido en silencio, para que alguien hable primero, roguemos al Señor.
  • Al acercarse esta semana el cierre de los Treinta Días de Nuestra Señora, por las madres que cargan dolores que sus hijos no alcanzan a ver, roguemos al Señor.

La Fe en Acción

Antes de la comida del domingo, que cada uno nombre una cosa que alguien todavía le debe - una disculpa, una deuda, un agravio nunca resuelto. Nadie tiene que perdonarla en la mesa. Nombrarla en voz alta es el trabajo de hoy.

Una Palabra para los Padres

En muchas casas hispanas los hijos piden la bendición a sus padres al salir y al volver, y los padres responden trazando la cruz sobre ellos. Es una costumbre viejísima, y lo que sostiene por debajo es sencillo: la casa es el primer lugar donde se recibe y se da la bendición de Dios. Hoy conviene usarla al derecho y al revés.

Esta noche, antes de la cena, que los hijos pidan la bendición como siempre. Después hagan algo menos común: que los padres pidan perdón primero. Nombren una cosa concreta - haber gritado, haber estado ausente, haber prometido algo que no cumplieron - y pídanles perdón a sus hijos por ella. Los niños aprenden a perdonar viendo perdonar, y aprenden a pedir perdón viendo pedirlo a los adultos de la casa.

Después recen juntos el Padre Nuestro despacio y deténganse en la línea que dice como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Díganles a sus hijos que esa es la única petición de toda la oración donde le pedimos a Dios que nos trate como nosotros tratamos a los demás. Después pregúntenles si lo dicen en serio cuando lo rezan.

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